NASA prueba baterías SPEARS a −80 °C: resistir frío no es funcionar
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Claves de la noticia
- NASA comunica que pequeñas celdas SPEARS funcionaron hasta −80 °C, con rendimiento reducido, en pruebas de vacío térmico.
- Sobrevivieron a exposición de −170 °C a 100 °C sin daños comunicados; esa resistencia no equivale a entregar energía en todo el intervalo.
- El proyecto necesita calentadores para reactivar las baterías tras el frío extremo y aún prepara hardware para ensayos espaciales.
NASA ha publicado este 14 de octubre resultados de sus baterías de estado sólido SPEARS, destinadas a equipos que trabajen en entornos lunares extremos. La novedad combina funcionamiento a bajas temperaturas y supervivencia a un frío mucho mayor. Separar ambos resultados permite entender dónde está el avance: una batería que soporte la noche sin dañarse podría calentarse solo cuando haga falta utilizarla, aunque todavía no pueda alimentar un instrumento mientras permanece a esa temperatura.
Dos intervalos que describen pruebas distintas
El anuncio, firmado por Joe Atkinson desde el centro Langley, describe ensayos recientes en vacío térmico con pequeñas celdas prototipo. Comunica buen funcionamiento hasta 80 °C y hasta −60 °C, además de funcionamiento con rendimiento ligeramente reducido a −80 °C. No ofrece la capacidad retenida, la corriente de descarga ni la duración de cada ensayo, por lo que ese último extremo no permite calcular autonomía.
Otra prueba examinó la resistencia a temperaturas desde −170 °C hasta 100 °C. NASA afirma que las celdas no sufrieron daños tras esa exposición, pero aclara que no funcionan mientras están a −170 °C. Es una comprobación de supervivencia, distinta de medir electricidad útil durante la exposición. El comunicado también sitúa el frío nocturno del polo sur lunar en torno a −200 °C: ni siquiera el extremo de supervivencia comunicado alcanza ese valor.
| Comprobación | Temperatura | Lectura del resultado |
|---|---|---|
| Funcionamiento descrito como bueno | −60 a 80 °C | Celdas prototipo en vacío térmico |
| Funcionamiento con reducción | −80 °C | Sin porcentaje publicado |
| Exposición sin daños comunicados | −170 a 100 °C | No acredita funcionamiento continuo |
| Frío lunar citado como contexto | Alrededor de −200 °C | No es un resultado del ensayo |
La comparación entre los dos extremos fríos da una diferencia de 90 °C entre supervivencia y funcionamiento demostrado: −170 frente a −80 °C. Es una resta de las temperaturas publicadas, no un ensayo propio. También quedan 30 °C entre el frío de supervivencia probado y los −200 °C del contexto lunar. Estas distancias muestran por qué sería prematuro anunciar una batería lista para funcionar sin calefacción en los cráteres más fríos.
Calentar al arrancar cambia la gestión de energía
SPEARS significa Solid Power for Extreme Environment Adaptability and Resilience in Space. Sustituye el electrolito líquido por un material sólido basado en cerámicas o polímeros. El objetivo es reducir problemas asociados al líquido y mejorar el comportamiento en vacío y temperaturas extremas. La denominación «estado sólido» describe una arquitectura; no determina por sí sola una capacidad, potencia o vida útil idéntica para todas las baterías.
NASA plantea usar pequeños calentadores para devolver las celdas a su temperatura de funcionamiento tras una exposición muy fría. Si la batería sobrevive sin mantenerse caliente continuamente, el sistema podría concentrar la calefacción en el momento de activación. La ventaja potencial está en reducir el mantenimiento térmico durante la espera, además de conservar la posibilidad de recuperar el suministro.
De ahí no se deduce todavía un ahorro total de energía. Para demostrarlo habría que sumar el consumo del calentador, el tiempo de reactivación, las pérdidas del conjunto y la energía finalmente entregada a la carga. El anuncio no publica esos valores. Una batería de emergencia y un rover con instrumentos encendidos de forma continua tampoco tendrían el mismo ciclo de uso: la utilidad de sobrevivir en reposo depende de cuándo necesita energía cada misión.
Ese problema complementa otras vías de suministro y calefacción, como las examinadas en el acuerdo de NASA y Energía sobre tecnología nuclear espacial. Una batería almacena energía y necesita recarga; no sustituye automáticamente a una fuente que la produce. El diseño lunar exige decidir tanto de dónde procede la electricidad como cómo se conserva y se entrega.
Lo que ya mostraba la documentación de agosto
La presentación técnica de Yi Lin para la reunión de la American Chemical Society del 25 de agosto de 2026 ya describía SPEARS y su transición desde la investigación aeronáutica SABERS. Identificaba el transporte de iones como una dificultad central y enumeraba interfaces entre sólidos, presión, fabricación y ampliación del tamaño de las celdas. Por tanto, el programa y su interés lunar no nacen con el comunicado de hoy.
La comparación documental permite precisar la novedad: aquella presentación incluía ensayos de conductividad de electrolitos entre −30 y 150 °C y ejemplos de formatos de celda. El anuncio actual comunica funcionamiento de pequeñas baterías completas a −80 °C y exposición hasta −170 °C. Medir conductividad de un material y evaluar una batería completa son pruebas diferentes; sus temperaturas no sirven para calcular una mejora porcentual entre versiones.
Del prototipo al equipo que viajará al espacio
Las fotografías oficiales muestran celdas pequeñas y trabajo de laboratorio, no un paquete instalado en un vehículo lunar. NASA Ames prepara placas y electrónica para ensayos espaciales, mientras Glenn lidera el proyecto y Langley realiza investigación y pruebas. Esa distribución describe trabajo pendiente de integración, sin una fecha de vuelo o de entrada en servicio anunciada en esta publicación.
La agencia menciona herramientas, rovers, equipos de emergencia e instrumentos científicos como aplicaciones posibles, además de futuros usos terrestres. No comunica un producto comercial para móviles o coches. El resultado defendible es más específico: SPEARS amplía las opciones de almacenamiento que pueden sobrevivir al frío y volver a trabajar tras calentarse. Su valor operativo dependerá de demostrar esa recuperación con cargas, tiempos y tamaños adecuados para cada equipo.
Imagen: NASA/Ryan Hill. Yi Lin muestra una celda SPEARS tras pruebas de vacío térmico.




