Seattle Times y Newsday demandan a OpenAI y Microsoft por usar sus artículos
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Claves de la noticia
- Los editores alegan copia sin permiso de cientos de miles de trabajos periodísticos, incluidos contenidos tras muros de pago.
- Piden daños y la destrucción de copias, conjuntos de entrenamiento y modelos que incorporen las obras, según la denuncia.
- La acción no prueba la infracción: Microsoft expresó sorpresa y las empresas podrán discutir uso legítimo, licencias y causalidad.
Los dos periódicos acusan a OpenAI y Microsoft de copiar cientos de miles de artículos para entrenar productos de IA sin licencia. La demanda añade una paradoja: ambas tecnológicas habían financiado proyectos periodísticos vinculados con los mismos medios.
Dos redacciones regionales elevan el conflicto
The Seattle Times y Newsday presentaron una demanda contra OpenAI y Microsoft por el supuesto uso no autorizado de su periodismo. Afirman que las empresas copiaron cientos de miles de artículos para entrenar y operar sistemas generativos, incluidos textos sometidos a suscripción y condiciones de uso. Se suman a una cadena de pleitos de medios, autores y propietarios de imágenes que intenta definir qué permite el copyright durante el entrenamiento.
La denuncia es una alegación, no una sentencia. Las demandadas podrán cuestionar la identificación de obras, la relación entre copias y modelos, la competencia del tribunal y el daño económico. También pueden invocar uso legítimo o acuerdos que cubran ciertos materiales. El resultado dependerá tanto de hechos técnicos sobre adquisición y almacenamiento como de cómo el juez valore transformación, mercado y finalidad.
El remedio solicitado sería mucho más que una multa
Además de compensación económica, los periódicos piden eliminar copias, conjuntos de entrenamiento y modelos que incorporen sus obras. Esa petición maximiza presión, pero su ejecución sería compleja. Un modelo mezcla patrones procedentes de grandes volúmenes de datos; retirar un documento concreto no equivale a borrar un archivo de una carpeta. Obligar a destruir pesos completos afectaría a productos y a materiales de terceros que no forman parte del pleito.
Los tribunales podrían optar por soluciones más graduadas: licencias, indemnizaciones, filtros de salida, transparencia o exclusión en futuros entrenamientos. La dificultad técnica no elimina un derecho si se demuestra la infracción, pero sí influye en la proporcionalidad. El caso pondrá a prueba si los demandantes pueden conectar obras identificables con procesos concretos y si existen alternativas verificables a reconstruir un modelo desde cero.
Una orden de destrucción también afectaría a clientes que no participaron en la recopilación. Esa consecuencia explica por qué los jueces suelen examinar con cuidado el nexo entre cada obra, el beneficio obtenido y el remedio solicitado.
La financiación previa crea una contradicción visible
Microsoft y OpenAI habían apoyado iniciativas periodísticas que beneficiaron a estas redacciones, entre ellas un programa de 10 millones de dólares administrado por el Lenfest Institute en 2024. Microsoft dijo sentirse sorprendida y dispuesta a dialogar. La colaboración no concede automáticamente permiso para entrenamiento. Sí revela la relación ambivalente entre plataformas que financian innovación editorial y productos que pueden sustituir visitas a los medios.
Para las redacciones, aceptar una beca resuelve un proyecto limitado; no cubre el coste estructural de producir información durante décadas. Para las tecnológicas, colaborar puede mejorar herramientas y reputación sin aclarar derechos históricos. Los contratos futuros deberán enumerar usos: búsqueda, resumen, recuperación, entrenamiento, conservación y evaluación. Una expresión genérica como “innovación con IA” deja demasiado espacio cuando el valor del archivo es precisamente el objeto de disputa.
El muro de pago cambia la narrativa, no decide el caso
Los demandantes destacan que parte del contenido no estaba libremente disponible. Si un recopilador eludió controles técnicos o credenciales, la conducta puede parecer más invasiva que rastrear páginas abiertas. Sin embargo, acceso y copyright son preguntas relacionadas pero distintas: leer con una suscripción no concede reproducir para cualquier propósito, y una página pública tampoco pierde protección por carecer de muro de pago.
La prueba deberá aclarar cómo llegaron los textos a cada conjunto, quién los almacenó y bajo qué términos. Microsoft y OpenAI mantienen una relación comercial estrecha, pero la responsabilidad de una no se transfiere automáticamente a la otra. El reparto de decisiones sobre datos, infraestructura y productos será central. Esta demanda regional puede aportar documentos sobre esa cadena que los grandes litigios todavía discuten de forma agregada.
España observa un mercado de licencias en formación
Los medios europeos operan además bajo reglas de protección de datos, derechos de autor y derechos afines. Una resolución estadounidense no se aplicará de manera automática en España, pero influirá en precios y cláusulas globales. Si los tribunales consideran lícito el entrenamiento sin licencia, el poder negociador editorial puede desplazarse hacia acceso en tiempo real y atribución. Si exigen compensación, habrá que diseñar sistemas para repartirla entre cabeceras y obras.
El punto práctico para lectores es la sostenibilidad de la información que alimenta respuestas automáticas. Un resumen útil depende de reportajes costosos, tribunales cubiertos y archivos mantenidos. La innovación no se detiene por reconocer esa cadena, pero necesita reglas comprobables. Este caso será relevante si convierte acusaciones generales en una trazabilidad concreta: qué artículos, qué copias, qué modelo y qué salida. Sin esa precisión, el debate continuará dividido entre cifras enormes y ejemplos aislados.




