El Gobierno de Estados Unidos respalda a OpenAI en el pleito de copyright de The New York Times
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Claves de la noticia
- El Departamento de Justicia sostiene que el uso de textos para entrenar modelos puede ser transformador y aportar beneficios públicos.
- La intervención no resuelve el litigio: el juez debe valorar finalidad, naturaleza, cantidad utilizada y efecto sobre el mercado.
- The New York Times afirma que permitir el uso sin permiso ni pago debilitaría el contenido humano del que también depende la IA.
El Departamento de Justicia ha presentado un escrito que apoya la tesis de OpenAI: entrenar modelos con obras disponibles en internet puede quedar amparado por el uso justo. The New York Times replica que esa posición perjudica a los creadores y a la sostenibilidad del periodismo.
Washington entra en una disputa entre empresas privadas
El Departamento de Justicia presentó un escrito de interés en el litigio iniciado por The New York Times contra OpenAI y Microsoft. El Gobierno no se convierte por ello en demandante ni decide el resultado. Expone cómo entiende la doctrina de uso justo y pide al tribunal que rechace la idea de que todo entrenamiento con textos protegidos constituye infracción. Associated Press informa de que el documento relaciona la capacidad de los modelos con creatividad, productividad y seguridad nacional.
La intervención tiene peso político y jurídico, pero no sustituye la prueba del caso. OpenAI debe explicar qué copió, con qué finalidad y qué produce el sistema; los periódicos intentarán demostrar reproducción, sustitución y daño. El juez aplicará la ley y los precedentes a un expediente concreto. Un apoyo del Ejecutivo puede orientar argumentos sobre interés público, no convertir automáticamente una práctica técnica en lícita.
El uso justo exige cuatro factores, no una consigna
La doctrina estadounidense examina propósito y carácter del uso, naturaleza de la obra, cantidad empleada y efecto sobre el mercado. El entrenamiento puede parecer transformador si extrae patrones para funciones nuevas, pero la reproducción masiva y la capacidad de devolver pasajes cercanos al original pesan en sentido contrario. No existe una regla simple según la cual acceder públicamente a una página otorgue permiso para cualquier reutilización.
El caso incluye además alegaciones de competencia sustitutiva. The Times sostiene que los productos responden preguntas con el valor de su periodismo y reducen visitas o suscripciones. OpenAI puede argumentar que el modelo no almacena una biblioteca convencional y que genera usos nuevos. La decisión tendrá que separar el acto de recopilar y entrenar de resultados que reproduzcan fragmentos, porque no todas las etapas presentan el mismo análisis ni el mismo remedio.
Los periódicos sitúan el conflicto en la economía de la información
The New York Times respondió que la Administración favorece a grandes compañías de IA frente a creadores cuyo trabajo se utilizó sin compensación. Su portavoz defendió que IA y creadores pueden prosperar si las empresas pagan de manera justa. La demanda original, presentada en 2023, alega que OpenAI y Microsoft aprovecharon una inversión periodística enorme para construir productos que compiten por la atención del lector.
La caída de tráfico procedente de buscadores añade urgencia. Cuando una respuesta generada aparece antes del enlace, el medio puede perder publicidad aunque su información sostenga el resumen. Sin embargo, atribuir cada variación de audiencia al entrenamiento exige datos. Búsqueda, redes sociales, hábitos y suscripciones también cambian. El tribunal no resolverá todo el modelo económico del periodismo, pero su criterio influirá en licencias, negociación y diseño de respuestas.
Una victoria amplia tampoco eliminaría las licencias
Si el entrenamiento se considera uso justo en determinadas condiciones, las compañías aún pueden contratar contenidos por calidad, actualidad y acceso estructurado. Las licencias reducen riesgo, aportan metadatos y permiten mostrar enlaces o citas con reglas claras. Si los editores vencen, tampoco significa que toda IA necesite negociar cada documento individual: pueden aparecer acuerdos colectivos, excepciones, exclusiones técnicas o modelos entrenados con materiales propios y de dominio público.
El mercado ya mezcla ambos caminos. La incertidumbre jurídica eleva el valor de acuerdos privados, pero también favorece a laboratorios capaces de pagarlos. Una solución que exija licencias sin mecanismos accesibles podría consolidar a los mayores. Una excepción demasiado amplia podría debilitar la producción de las fuentes. El equilibrio debe considerar competencia entre desarrolladores y sostenibilidad de quienes crean información, no solo el conflicto bilateral.
Europa seguirá un marco diferente
El uso justo es una doctrina estadounidense y no se traslada de forma automática a España. La Unión Europea dispone de excepciones de minería de textos y datos, reservas de derechos y obligaciones que evolucionan con la Ley de IA y la normativa de copyright. Un tribunal neoyorquino puede influir comercialmente en modelos globales, pero una empresa europea debe analizar el marco local y respetar mecanismos de exclusión aplicables.
La intervención del Gobierno eleva la importancia del caso porque presenta la IA como infraestructura estratégica. Esa visión puede acelerar desarrollo, pero no responde por sí sola a quién financia el conocimiento que alimenta los sistemas. La sentencia deberá concretar qué prácticas son transformadoras, cómo se tratan copias y memorias y qué daño de mercado resulta probado. Hasta entonces, ni el escrito oficial ni la oposición del periódico equivalen a un veredicto sobre el entrenamiento de todos los modelos.




