Besxar prueba una fábrica de semiconductores en órbita sobre cohetes Falcon 9
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Claves de la noticia
- Besxar ha acordado probar su proceso en una docena de vuelos vinculados a primeras etapas reutilizables de Falcon 9.
- Dos pequeñas cápsulas volaron en julio y devolvieron obleas con menos partículas que las muestras terrestres comparadas por la empresa.
- La startup ha captado cerca de 14 millones de dólares y depende de transporte espacial barato para escalar a cientos o miles de obleas.
Besxar quiere fabricar materiales para chips aprovechando el vacío espacial. Tras volar dos cápsulas experimentales en julio, la startup planea una docena de pruebas asociadas a cohetes Falcon 9 antes de escalar el proceso.
Un laboratorio que viaja con la primera etapa
Besxar está convirtiendo la primera etapa reutilizable del Falcon 9 en un banco de pruebas para fabricar materiales de semiconductores fuera de la Tierra. La startup afirma haber pactado con SpaceX una campaña de aproximadamente doce vuelos. En cada uno irá aumentando la complejidad de sus pequeñas fábricas encapsuladas, desde exponer muestras al vacío hasta calentar obleas y depositar sucesivas capas de material.
La idea aprovecha una infraestructura que ya vuela y regresa con frecuencia. Una primera etapa del Falcon 9 no permanece en órbita: sigue una trayectoria suborbital y aterriza minutos después del despegue. Ese perfil limita el tiempo de proceso, pero permite recuperar el experimento sin contratar una cápsula orbital independiente. Besxar puede iterar equipos y recetas antes de apostar por vehículos mayores y estancias más largas.
Una startup con un objetivo industrial acotado
La empresa, fundada por la exdirectiva de OpenAI Ashley Pilipiszyn, ha recaudado cerca de 14 millones de dólares, incluidos nueve millones de una ronda semilla. La financiación es modesta frente al coste de una fábrica terrestre avanzada, pero su objetivo inicial no es producir chips completos. Quiere fabricar precursores y obleas especializadas que otros fabricantes usarían en semiconductores de potencia.
Qué demostraron las dos primeras cápsulas
Las primeras dos ‘fabships’ de Besxar volaron en julio dentro de una misión de Starlink. Eran recipientes pequeños diseñados para comprobar tres cosas: soportar el lanzamiento y el regreso, proteger las muestras frente a contaminación no deseada y exponerlas al vacío espacial. La empresa dice que cumplió esos objetivos, aunque uno de los sistemas de datos de vuelo sufrió un fallo que todavía investiga.
Según Pilipiszyn, las muestras recuperadas fueron las más limpias y presentaron menos partículas que las obleas terrestres utilizadas en la comparación. Es un resultado prometedor, pero preliminar. No se ha publicado un estudio revisado por pares, el tamaño de la muestra ni el protocolo completo. Una superficie con menos partículas tampoco demuestra por sí sola uniformidad, rendimiento eléctrico o coste competitivo del producto final.
El siguiente paso será añadir calor y después depositar una capa de material, seguida de dos y más. Cada incremento introduce variables de temperatura, vibración, control químico y repetibilidad. La campaña de doce vuelos tiene sentido como escalera experimental: separar problemas permite saber si un defecto procede del lanzamiento, del contenedor o del proceso de fabricación.
El vacío ayuda, pero el espacio añade costes
Las fábricas de chips terrestres gastan enormes cantidades en salas limpias, filtrado y control de contaminación. Besxar parte de que el vacío natural ofrece un entorno útil para ciertos procesos. Sin embargo, el espacio no es una sala limpia gratuita. El equipo debe sobrevivir aceleraciones, vibraciones y cambios térmicos, trabajar de forma autónoma y regresar sin dañar un material de alto valor.
También hay que distinguir fabricar materiales de fabricar circuitos integrados completos. Un chip moderno requiere centenares de pasos, litografía de precisión, metrología y pruebas. Besxar se concentra en obleas y materiales para dispositivos de potencia empleados en centros de datos, robots y vehículos eléctricos. Es un objetivo más acotado, donde una mejora de pureza o estructura cristalina podría justificar costes de transporte elevados.
La comparación económica dependerá del rendimiento útil por kilogramo. Lanzar una cápsula puede ser asumible para muestras de gran valor, pero escalar a producción exige recuperar cientos y luego miles de obleas por fábrica. Cualquier pérdida en el aterrizaje o demora en reutilizar el equipo afecta al coste. La física favorable solo gana si logística, seguros y cadencia también funcionan.
Starship y otros cohetes decidirán la escala
Besxar espera utilizar en el futuro un vehículo de mayor volumen como Starship. Su plan presupone que SpaceX, Rocket Lab, Stoke Space u otros operadores abaraten el transporte y ofrezcan retorno regular de carga. Hoy esa capa logística no está plenamente desplegada. Starship sigue en desarrollo y los cohetes reutilizables de competidores aún deben completar sus programas de vuelo.
La dependencia no invalida el experimento actual, pero sí separa demostración y negocio. Las pruebas en Falcon 9 pueden validar materiales y atraer clientes, mientras que la producción masiva necesita una nave capaz de alojar fábricas mayores y devolverlas. Besxar tendrá que coordinar su hoja de ruta industrial con calendarios de lanzadores que no controla.
Para Europa, el proyecto muestra una oportunidad y una carencia. Empresas como Space Forge también exploran fabricación espacial, pero la frecuencia de retorno sigue siendo el cuello de botella. Si los experimentos de Besxar confirman ventajas medibles, el valor no estará solo en el material producido: también aumentará la demanda de vehículos que suban y devuelvan carga de manera rutinaria. Por ahora, la noticia es una campaña de validación ambiciosa, no una fábrica orbital comercial en funcionamiento.




